viernes, 26 de abril de 2013

Entrevista a Michel Odent en Mi bebe y yo



Michel Odent, pionero en la promoción del parto fisiológico, ha hablado con Mibebéyyo.com sobre la importancia de lograr partos menos medicalizados y mucho más naturales.





Para Michel Odent, prestigioso ginecólogo francés, la mujer es un mamífero y, como tal, sólo necesita dos cosas para parir: sentirse segura y no sentirse observada.

En muchas ocasiones, ha comentado que “falta amor en los nacimientos”. ¿A qué se refiere con esta afirmación?
Hoy en día, en todo el mundo, el número de mujeres que paren a sus bebés y a sus placentas gracias, exclusivamente, a la liberación del “cóctel de hormonas del amor” se acerca a cero. Debemos recordar que está comprobado que las hormonas producidas por una madre que da a luz influye en su comportamiento. La razón de esta nueva situación es evidente. En muchos lugares del mundo, la cesárea es, hoy por hoy, la forma más habitual de dar a luz. Asimismo, la mayoría de las mujeres que paren por vía vaginal necesitan sustitutos farmacológicos de las hormonas que no pueden producir fácilmente: oxitocina sintética para reemplazar a la natural, anestesia epidural para sustituir a las endorfinas, etc. Estos fármacos bloquean la producción de hormonas naturales. Además, la mayoría de las mujeres que todavía tienen un parto vaginal necesitan un fármaco para expulsar la placenta. Este fármaco bloquea la producción de un nivel elevado de oxitocina (hormona del amor) que una mujer debería producir después del nacimiento de su bebé.
Esta situación no tiene precedentes. Es como si las hormonas del amor hubiesen perdido su utilidad en el momento crucial del nacimiento. Nos deberíamos cuestionar esta situación en términos de civilización.

¿De qué manera deberían cambiar, entonces, los partos? ¿Es necesario reducir la medicalización de los nacimientos?
El objetivo primordial debería basarse en redescubrir las necesidades primarias de las mujeres en el momento de parir. La reducción de medicalización sería la consecuencia de una mayor comprensión de los momentos fisiológicos.

Según su opinión, ¿cuáles son esas necesidades de la mamá en el momento del parto?
 Cuando está pariendo, la mujer necesita sentirse segura y no sentirse observada, así como estar en un lugar lo suficientemente cálido.

¿Qué condiciones ambientales debe haber para que una mujer dé a luz de una manera fisiológica?
Tras haber tratado con partos durante más de medio siglo en centros hospitalarios de Francia y del Reino Unido, puedo asegurar que el mejor ambiente que conozco para un nacimiento tranquilo se crea cuando no hay nadie alrededor de la parturienta, aparte de una matrona silenciosa, experimentada y madura.

¿Se podría decir que si la mujer pare por sus propios medios el vínculo madre-hijo aumenta?
Si la madre da a luz por sus propios medios, durante la hora que sigue al nacimiento, la mamá y el bebé se encuentran en un equilibrio hormonal especial, que nunca volverá a producirse. Todas las hormonas que la madre y el bebé producen tienen un papel fundamental respecto a su interacción. Si se perturba este período crucial, los efectos se notan inmediatamente en el caso de los mamíferos no humanos (la madre no muestra interés por el cachorro). En los seres humanos, que cuentan con un patrimonio cultural, los efectos no se detectan de inmediato a nivel individual.

¿Por qué no es partidario de la presencia del padre en el parto?
 No estoy a favor de las doctrinas, los dogmas y las teorías. El dogma de la participación del padre en el nacimiento del bebé se originó durante la segunda mitad del siglo XX, cuando el nacimiento del niño se “industrializó”.

¿Qué les diría a todas esas mamás que han optado por un parto medicalizado con anestesia?
A fin de cuentas, estas mujeres no sufren un nivel más elevado de intervención que las que optan por el denominado “nacimiento natural”. Siempre es mejor no tener guiones preconcebidos sobre cómo será el nacimiento de un niño, así como mantener abiertas todas las posibilidades.

Y en cuanto a las necesidades del bebé, ¿por qué es tan importante que no se separe al bebé  de la madre en la primera hora de vida?
 ¿No resulta extraño que tengamos que referirnos a datos científicos para explicar que un recién nacido necesita a su madre?
¿Qué les diría a las futuras mamás para el momento de afrontar su parto?

Les explicaría el significado de la palabra “intimidad” (no sentirse observada).

Son muchos los casos de las mujeres que sufren la llamada depresión postparto. Sufrir o no esta mini depresión ¿tiene que ver con la experiencia en el parto?

Desde que me retire de la práctica hospitalaria, sólo tengo referencias del parto en casa. Probablemente, por esta razón, no me siento en disposición de poder hablar sobre la depresión postparto.

martes, 16 de abril de 2013

El Porteo; La importancia del porteo en los bebés






La Importancia del PORTEO :

• ¿Qué es el porteo?
El porteo es una forma de llevar a nuestros hijos encima, próximos a nuestros cuerpos calientes. El porteo podría definirse como un arte, un arte ancestral que el ser humano lleva practicando desde los tiempos de las cavernas.

Si damos un pequeño paseo por nuestra Madre Tierra podemos observar como las madres y familias de todas las culturas portan a sus hijos en cargadores distintos, algunos complejos como los Amauti (portabebés de los esquimales) que encontramos en Alaska, Groenlandia y Canadá, otros más simples hechos con nervio de palmera como los Yanomami del Amazonas, pasando por los rebozos de México, los bei dao de China, los paños de colores vivos en África, y podríamos detenernos a observar como cada tribu, cada comunidad indígena tiene un portabebés que se adapta a su estilo de vida, a sus necesidades y climatología.
Por tanto podríamos decir que el porteo es más que un arte, es una forma de vivir la crianza de nuestros hijos, una forma de crianza que nuestras ancestrales nos han legado.

Como hemos comentado el porteo es un arte que nuestras antecesoras nos han legado, pero como muchos otros aspectos culturales se ha ido perdiendo, olvidando. En los años 70, junto con el resurgimiento del parto natural, la lactancia materna… también se empezó a tener en cuenta la importancia del tacto y contacto para los seres humano, así pues en Alemania se empezaron a fabricar, distribuir y fomentar los portabebés, sin duda una herramienta clave para este estilo de crianza más natural.
Si nos paramos unos minutos a pensar cómo vive el bebé antes de nacer y justo después, si observamos la situación quizás podamos reflexionar sobre ella, y entender por qué es tan importante el porteo.
El bebé pasa nueve meses recogido dentro de la panza de su mamá, mecido dulcemente por el líquido amniótico como suaves olas que acompañan una barquita en el mar, está a una temperatura constante, sin pasar frío ni calor, es alimentado constantemente por el cordón umbilical, fiel compañero que nunca le abandona, juega con él, lo muerde, lo toca, como un niño pequeño jugando con su pelota roja favorita, el bebé escucha sin cesar y a lo largo de 24 horas durante 9 meses un curioso sonido, un bum bum, bum bum: ¡el corazón de su mamá!
Pensemos por un instante que estamos con los ojos vendados durante un buen rato, no vemos nada, está casi oscuro, ¡y de golpe nos quitan la venda y nos ponen a pleno sol! Así se siente un bebé al nacer, entre focos, luces fuertes que le ciegan, no sabe dónde está, se siente perdido.
Imaginemos otra situación, es invierno, estamos en casa después del trabajo, relajados tomando un baño caliente, contemplando las pompitas de jabón, estamos tumbados, el agua nos cubre casi hasta las orejas, nuestro cuerpo flota sobre el agua caliente, mmm qué dulce sensación, ¡¡¡de golpe nos sacan de la bañera y nos dejan en medio del pasillo, mojados, húmedos y tiritando!!! Así se siente un bebé al nacer cuando lo cogen de la cabeza, las piernas, no menean y lo dejan sobre una camilla.
Los bebés son seres humanos que han pasado toda su vida terrenal creciendo dentro de la barrigota de su mamá, de golpe un buen día se encuentran sintiendo por primera vez la fuerza de la gravedad en sus cuerpos, el frío, el calor, el hambre, ¿Dónde está el bum bum??? ¿Qué pasó???? Si a un bebé recién nacido nada más nacer se le deja sobre el cuerpo caliente y palpitante de su mamá su llegada al mundo es mucho más placentera y si su mamá, papá y familia lo sostienen durante sus primeros meses de vida dentro de un portabebés, reproduciendo esta casita uterina donde él vivía, seguro que su experiencia del mundo será mucho más bonita.
Un bebé llevado en portabebés se siente seguro, mecido, acompañado y cerca del pecho chorreante de leche de su mamá, y las mamás, a su vez, sentimos que podemos leer, podemos comer, cocinar y salir a dar un paseo tranquilamente sin contar horarios, ni escuchar llantos, ni gritos desgarradores, pues un bebé cargado desde el primer día de nacer apenas llora, apenas sentirá dolores de tripita, pues el cuerpo caliente de su mamá y el movimiento calmarán su barriguita que empieza a funcionar, digerir y sintetizar alimento por primera vez.
Las mamás que cargamos a nuestros hijos estamos más relajadas, besamos y tocamos más a nuestros pequeños, les ofrecemos más veces el pecho, y la lactancia se refuerza tan sólo por el hecho de estar cerca, juntos. El bebé es tocado y mirado muchas veces que si es llevado en un cochecito, si duerme en un portabebés con su mamá o papá duerme más rato y sin despertarse cosa que no sucede cuando se le mece en una cuna, y se va despertando, llorando, hay que cogerlo, volverlo a dejar, es más cansado, más pesado y las mamás terminan un poco “hartas” de esta situación, pensando ¡“este bebé no duerme nunca”! Con un portabebés en casa los nervios, los enfados, la ansiedad va desapareciendo, la casa se va llenando de paz y armonía, de libertad, de amor.

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Aprendiendo a ser mamíferos de nuevo: La Importancia de la lactancia materna



Aprendiendo a ser mamíferos de nuevo


Pocas mujeres dan a sus bebés el pecho pese a las políticas públicas de fomento de la lactancia materna - Pesan la cultura del biberón y la falta de formación y apoyo de los profesionales



  • Falsos mitos sobre la lactancia materna
  • Los riesgos del biberón

  • Una de las experiencias más agobiantes para una madre primeriza es intentar que el bebé llorón y hambriento que acaba de revolucionar su mundo se enganche al pezón, dolorido por las grietas, mientras su suegra repite: "Dale un biberón, se crían igual de bien". Y es que cualquier conversación de madres, un vistazo a los foros de Internet, o la cantidad de artilugios inventados para facilitar la lactancia materna parecen indicar que somos unos extraños mamíferos que ya no sabemos alimentar a nuestros bebés, y que nos extinguiríamos si no existieran los biberones.
    ¿Por qué algo en teoría natural resulta tan difícil hoy en día, hasta el punto de que muchas madres deciden no dar a sus bebés leche materna, pese a sus incontables beneficios, tanto para la salud como para la vinculación afectiva? La Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan amamantar de forma exclusiva (sin agua, zumos, infusiones, ni leche artificial) hasta los seis meses de vida, y seguir con la lactancia, junto con otros alimentos, hasta los dos años o más.

    Una mezcla de falta de formación y de apoyo coordinado de los profesionales, junto con la información insuficiente de la futura madre, sometida a un bombardeo de falsos mitos y presiones familiares y sociales, dificultan que se cumplan las recomendaciones sanitarias y los deseos de muchas mujeres de prolongar la lactancia. Subyace la pérdida de referentes culturales, tras décadas en las que no hemos podido aprender a amamantar observando a otras mujeres pues el biberón se ha convertido en la norma, en gran parte por la mercadotecnia agresiva de los fabricantes, que han logrado que se vea como positivo alimentar a los bebés con leche de otra especie -la vaca- en la que hay que eliminar y añadir componentes para imitar a la leche materna. Si se suman las raquíticas políticas para compaginar lactancia y trabajo, como la baja maternal de 16 semanas, el resultado es obvio.
    Pero la realidad es muy distinta: aunque a la salida del hospital, la mayoría de las madres (80%) dan el pecho, a los tres meses solo el 52,5% de los niños toman leche materna en exclusiva, y a los seis, el 36%, según los datos que dio el lunes, comienzo de la semana mundial por la lactancia,la AEP.
    La vivencia de Mónica Cuello, de 31 años, es un ejemplo de esta conjunción de factores. No pensaba amamantar -"mi madre no pudo", dice, algo de lo que están convencidas muchas mujeres que dieron a luz en la segunda mitad del siglo XX-, pero tras las clases de preparación al parto, decidió hacerlo. "El problema es que te dicen que es importante dar el pecho, pero no cómo ni qué esperar", opina esta mujer trabajadora. "No me informé más pues creía que era algo natural".
    Cuando nació Alejandro, hace 15 meses, se dio de bruces con la realidad. "El primer día ni me preguntaron cómo me iba. Sólo me dijeron que me lo pusiera 10 minutos a cada pecho cada tres horas". Cuello pensaba que mamaba bien, pero al día siguiente había perdido el 7% de peso, y le dieron un biberón de leche de fórmula. Cuando al fin una matrona le ayudó a colocarse al niño al pecho, le dolió mucho. "Me dijo que tenía que doler". Esta madre abandonó la lactancia antes de salir del hospital. "Del dolor tan fuerte me deprimía y no me permitía estar bien con el bebé".
    "El mayor error es que las madres lleguen pensando que dar el pecho es fácil", opina Jesús Martín-Calama, coordinador nacional de laIniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia. Lanzada por la OMS y Unicef, acredita a los hospitales que cumplen una docena de pasos con el sello IHAN, que en muchos países se identifica con una atención de calidad. "En el 50% de los casos, hay problemas", dice Martín-Calama. "Los bebés se tienen que adaptar al pecho de su madre, y para eso, necesitan paz, tranquilidad, tiempo para ponerse en contacto y acoplarse", explica. "Que quede claro que los primeros 10 días no es fácil, no es lo bonito que vendrá luego. Pero como no ayudes a la madre esos primeros 10 días, se quedará sin vivir esa experiencia".
    Para Martín-Calama, "lo que distorsiona todo es la gran facilidad para solucionar cualquier problema con un biberón, lo que no sucede en la naturaleza. Al mínimo contratiempo, se tira la toalla", afirma. "El mundo sanitario sigue sin confiar en que la madre produzca suficiente leche, lo que hace que muchas abandonen en los primeros meses", critica Gema Cárcamo, presidenta de Multilacta, una asociación madrileña de apoyo a la lactancia.
    "Ni para ser médico ni pediatra me enseñaron nada sobre lactancia", dice Carlos González, autor de Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia materna. "Ahora sí se hace, pero los médicos que llevan más años necesitan un reciclaje". Es un problema común en los países desarrollados. "Con demasiada frecuencia, cuando hay dificultades, los profesionales de la salud suplementan con biberones, por falta de las destrezas o la experiencia necesarias", dice Bernadette Daelmans, médica del equipo de salud y desarrollo de recién nacidos y niños de la OMS.
    Josefa Aguayo, miembro del comité de lactancia materna de la AEP y jefa de sección de Neonatología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla va más allá: "Hay muchas interferencias. Empieza desde la medicalización del parto, lo que se ha extrapolado a la lactancia y la crianza", opina. "Aún hace falta mucha formación", afirma Aguayo, para la que es fundamental que los profesionales, desde atención primaria, transmitan un "único mensaje" a la mujer. Coincide Concepción Martínez, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones de Matronas de España, quien añade: "Se ha perdido el instinto. Un recién nacido, si lo dejas sobre su madre, piel con piel, a los 70 minutos como máximo empieza a mamar".
    La experiencia de Cuello también muestra una situación frecuente, tanto en centros públicos como privados: la contradicción de que una política oficial de apoyo a la lactancia materna, en la práctica, choca con rutinas anticuadas, falta de formación o un simple comentario de un profesional, que dicho en un momento de máxima sensibilidad y agobio, puede acabar con el deseo de amamantar de la mujer.
    Aunque el hospital de Cuello siguió la recomendación de poner al recién nacido sobre la madre, llevó a cabo prácticas desaconsejadas: fijar duración y tiempo a la toma, dar leche artificial sin haber intentado que la madre se extrajera leche, y hacerlo en biberón en vez de con jeringuilla (para evitar que el bebé confunda el modo de succionar la tetina con el del pezón, totalmente distintos). Y por último, dejar que la mujer se fuera con la convicción de que dar el pecho es doloroso, cuando con solo corregir la postura podría haber dejado de serlo.
    "Desde 2008, sabiendo que las cosas no se hacían bien, empezamos unproyecto de fomento de la lactancia materna", explica la doctora Begoña Arias, responsable de este programa en los hospitales de Sanitas, entre ellos el de La Moraleja, donde dio a luz Cuello. Arias reconoce que, por desgracia, "estas cosas puntuales seguirán pasando", aunque se trabaja para evitarlo: han dado charlas de formación a todo el personal, están cambiando protocolos de actuación, y han creado una consulta externa de lactancia para las madres una vez recibida el alta.
    "Es muy difícil lograr el cambio de mentalidad de todos los profesionales de un centro", confirma Martín-Calama. En España, sólo hay 15 hospitales acreditados por la IHAN, y otros dos están en proceso muy avanzado. Son menos del 10% del total, frente al 90% en países como Suecia o Noruega. "Hay que poner a todo un hospital, incluidos auxiliares o celadores, a trabajar para una causa", explica.
    El 12 de Octubre (Madrid) está a punto de lograr la acreditación, algo meritorio, según Martín-Calama, dado el tamaño del centro, con 7.000 trabajadores. Es el primer hospital español con un banco de leche materna, y sigue prácticas como limpiar al recién nacido o valorar su salud encima de la madre, incluso tras una cesárea si su estado lo permite. Las vacunas o el peso se posponen dos horas, y se intenta que madre y niño se separen lo mínimo. Un profesional observa la primera toma para prevenir problemas.
    Este centro cuenta con una consultora certificada en lactancia materna, Juana María Aguilar. Una de sus labores es impartir talleres a las madres ingresadas. En camisón, y la mayoría con el bebé de pocos días en brazos, las mujeres, algunas muy jóvenes, muchas inmigrantes, desgranan sus dudas. "Las clásicas son: 'No tengo leche', '¿Le alimentará lo suficiente?' y '¿Se queda con hambre?", resume Aguilar. Durante la charla, muy participativa, esta enfermera intenta reforzar la confianza de las madres.
    "El pilar fundamental es que la mujer desee lactar. Cuantas más armas le ofrezcamos para que informe a la familia y a la pareja, mejor", afirma. Armas necesarias para vencer la presión de madres y suegras de las parturientas. "Pues yo te crié con biberón y mira qué bien estás". O "¿Por qué pide tanto? Se ha quedado con hambre", son dos clásicos que alimentan las inseguridades maternas.
    Una vez la madre consigue lo más difícil, instaurar la lactancia, las presiones, incluso de los propios pediatras, continúan con comentarios como "ya es muy grande para tomar el pecho" o "lo estás malcriando". "A menudo, familiares y amigas de la madre saben muy poco de lactancia, o han tenido experiencias negativas y no la pueden ayudar. De hecho, puede oír todo tipo de comentarios destructivos de gente ignorante que no entiende el proceso de la lactancia", afirma por correo electrónico Christiane Rudert, experta en nutrición de Unicef.
    Por suerte, el panorama, poco a poco, está cambiando. "Hace 20 años, era rarísimo que alguien diera el pecho más de seis meses", asegura Carlos González, quien reivindica el amamantamiento, más allá de los beneficios para la salud, como "un derecho, una experiencia vital" muy importante para muchas mujeres. "Mejorará a medida que salgan nuevas generaciones de médicos con formación en lactancia materna, y se vean más mujeres dando el pecho. Es un círculo virtuoso".

    Falsos mitos sobre la lactancia materna

    Los expertos consultados para este artículo responden:
    No tendré suficiente leche. Muy pocas mujeres no producen leche. Tener más depende de que el bebé mame muchas veces y de forma eficaz, vaciando el pecho. Para que el pecho adapte su producción a la necesidad del niño, hay que darle cada vez que pida, no "cada tres horas 10 minutos de cada pecho".
    Se queda con hambre. Al dar el pecho, nunca sabemos cuánto toma el bebé. Por eso hay que darle según pida y dejar que llegue a la leche del final, más grasa. Hay épocas en que mama con más frecuencia (brotes de crecimiento), para aumentar la producción.
    El calostro no es bueno. La primera leche, muy concentrada, tiene muchas proteínas y defensas. Se produce poca porque el estómago del recién nacido es muy pequeño, como una canica.
    Dar de mamar duele. En situaciones normales, no duele. El dolor es síntoma de problemas, como las grietas, que son fruto de una mala postura al mamar, y desaparecen al corregirla.
    Mi bebé crece menos que los que toman biberón. Hasta hace poco, las curvas de crecimiento se basaban en niños alimentados con leche artificial, lo que podía llevar a recomendar una obesidad prematura. La OMS ha publicado nuevas tablas, con los niños amamantados como referencia de crecimiento saludable.
    Toma el pecho por vicio, lo malcriaré. La OMS recomienda amamantar como mínimo hasta los dos años. El pecho no solo es alimento, también consuelo, por eso los chupetes imitan al pezón.
    No puedo dar el pecho porque tomo medicamentos. Muy pocos tienen efectos sobre la leche materna. Consulte si es compatible aquí (hospital de Denia).

    Los riesgos del biberón

    Si hubiera una vacuna que redujera el riesgo de meningitis bacteriana, diarrea, otitis, infecciones respiratorias, diabetes, linfoma, leucemia, obesidad, asma y síndrome de muerte súbita del lactante, ¿se la pondría a su hijo? ¿Y si además protegiera a la madre de la osteoporosis, el cáncer de mama y de ovarios y la ayudara a perder peso? Esa vacuna existe, pero pocos niños y mujeres se benefician de ella, y menos de la forma óptima recomendada por las organizaciones médicas. Es la leche materna.
    "Las ventajas son tantas que más bien hay que hablar de los inconvenientes de los sucedáneos de la lactancia materna. Es como con el tabaco: hay que proteger de la lactancia artificial, no demostrar las ventajas de la lactancia materna", afirma Josefa Aguayo, del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Aunque la creencia popular es que las leches de fórmula son casi tan buenas como la materna, los expertos alertan de sus riesgos: "Hay más alergias, riesgo de desarrollar procesos infecciosos, obesidad...", cita Aguayo.
    Según la OMS, la prolongación de la lactancia hasta los seis meses en exclusiva y hasta los dos años de forma complementaria salvaría cerca de 1,5 millones de vidas anualmente. Incluso en sociedades industrializadas, la leche artificial se asocia a mayor riesgo de enfermedad y muerte: "Un estudio muestra que se podrían salvar 9.000 vidas al año en EE UU mediante el amamantamiento exclusivo y prolongado" por la reducción del riesgo de muerte súbita, dice Christiane Rudert, de Unicef.
    El fomento de la lactancia es "una prioridad", dice Concepción Colomer, directora del Observatorio de Salud de las Mujeres, del Ministerio de Sanidad. "Aquí no hay controversia, está demostrado que es lo más conveniente". Por eso la estrategia de salud sexual y reproductiva que preparan Gobierno, comunidades autónomas y asociaciones científicas incluye un apartado sobre el tema. Uno de los puntos del texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS, es "aplicar el código de comercialización de sucedáneos de leche materna" para "proteger la lactancia materna de prácticas publicitarias engañosas que inducen al abandono de la misma". El marketing de los fabricantes fue uno de los factores que hicieron que en el siglo XX la lactancia materna casi desapareciera en los países desarrollados. El código, aprobado en 1981 por la OMS, prohíbe anunciar leche artificial o dar muestras. Pero en España y en el resto de la UE sólo se aplica parcialmente.
    ¿Y si la madre no quiere dar el pecho o no lo consigue? "Lo importante es que la decisión sea informada. No hay que presionar a la mujer", dice Aguayo. "Prefiero una madre que dé el biberón con cariño a una que amamanta con mala leche", opina Gema Cárcamo, de la asociación Multilacta. Carlos González tiene otra visión: "La lactancia es una parte muy importante del ciclo de vida de la mujer. Por desgracia, la sociedad no comprende que, si no lo logra, es normal que le dé pena o rabia".

    Fuente: El PAIS





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viernes, 12 de abril de 2013



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